Manuel Antonio Serna, de jugador a árbitro de baloncesto

Foto/ Suministrada

El 14 de octubre empieza la Copa Profesional de Baloncesto en Cali con ocho equipos, cerca de 120 jugadores y 24 árbitros. Uno de los colegiados que fue escogido para arbitrar en este certamen, es el risaraldense Manuel Antonio Serna, quien será uno de los dos representante del Eje Cafetero que pitará los encuentros del torneo. 

Nació en Pereira en 1982, desde entonces ha vivido con su madre Leonor Osorio, quien ha sido un apoyo incondicional en la vida. Empezó jugando  torneos intercolegiados de fútbol como lateral izquierdo, a pesar de ser derecho, en la Escuela Juan Manuel González de Dosquebradas. practicó este deporte hasta los casi 12 años, cuando cambió de institución educativa. 

“Estando en quinto de primaria en un festival interescuelas en el lago La Pradera, me reuní con unos amigos que no queríamos jugar fútbol, entonces nos inscribimos a baloncesto y nos llevamos una sorpresa porque quedamos campeones. Esa fue la primera vez que jugaba en esta disciplina”, contó Manuel Antonio.

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Primeros pasos en el baloncesto

En ese torneo infantil estaba el profesor Jhon Jader Oyola, quien era cercano a Manuel Antonio porque vivía en un barrio junto al de él. Tres años después de esa competencia, se encontraron y el entrenador le recomendó que fuera al colegio Pablo Sexto para presentarse con el técnico Jhon Jairo Díaz. 

Sin dudarlo siguió la recomendación y llegó a entrenar al Pablo Sexto. Él estaba buscando colegio, entonces su buena actuación en las prácticas con el equipo, hizo que el entrenador, le facilitara un cupo en la institución, en la que haría grados noveno, décimo y once. 

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“Llegar a un lugar nuevo no es fácil, en el primer entrenamiento como yo era el novato me tocó hacer los trabajos con un balón de fútbol y pues me fue bien a pesar de que era más complicado. Desde ese día no salí más del basquetbol, me gané el aprecio de los compañeros, además de un cupo para estudiar en las tardes”, recordó. 

La llegada al arbitraje

En las mañanas ayudaba a su mamá con el asadero de arepas que tenía, en las tardes estudiaba y en las noches tres veces por semana, entrenaba en su posición de poste o alero. Nunca se visualizó como jugador profesional, pues lo tenía solo como un pasatiempo porque sabía que llegar a ese nivel en el país es bastante complicado. 

En 1999 y 2000 hizo parte del equipo de la Liga de Risaralda pero no participó de torneos. En ese tiempo fue cuando encontró un afiche en el coliseo Mayor que anunciaba una capacitación del Colegio de Árbitros de Risaralda (Carabi), para los que quisieran entrar al mundo del pito. 

“Me metí a la charla equivocada, porque a la que entré era para los que ya estaban consolidados en el arbitraje. A pesar de que yo había jugado baloncesto, hablaban de unos términos muy raros que yo no entendía y me sentí como mosco en leche. A los dos meses sí me tocó la reunión para los nuevos”, aclaró Serna. 

La decisión de entrar a Carabi surgió porque no quería alejarse del baloncesto. Igualmente porque salió del colegio con 17 años de edad y en ese momento no sabía qué carrera universitaria estudiar. 

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Consolidación arbitral

Para poder ingresar al Colegio Arbitral, le tocó hacer un curso de tres días junto al profesor Carlos Herrera. Fue de miércoles a viernes, de 6:30 p.m. a 8 p.m., el sábado y el domingo debían aplicar lo aprendido en una práctica. Al pasar las pruebas quedó en la mesa de control, en la que duró un año. 

“Me tocó estar un buen tiempo en la mesa de control, uno ahí llena las planillas de los equipos. Ese proceso fue muy interesante porque aprendí a ser neutral en los juegos. Daba mucho miedo salir a la cancha a pitar, mi primera vez fue en mi colegio en la categoría infantil, porque mi compañero no quiso pitar y me dijo que me le midiera”, explicó.  

Desde ese momento se quedó con el arbitraje sobre el terreno de juego, aunque dice que uno no debe dejar del todo la mesa de control. Aprenderse el reglamento no le fue difícil porque ya tenía la experiencia de ser jugador. Lo que más le costó fue arbitrar partidos en los que estaban sus amigos. 

“Es que uno tiene una jerga normal que usa con los parceros, entonces cuando les cobraba una falta me llevaba un madrazo y pues me tocaba decirles que en ese momento yo era la autoridad, en más de una ocasión les pité faltas técnicas. Además de eso, me costó mucho hablar en cancha con el silbato en la boca”, recalcó. 

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Arbitraje profesional

En 2016 fue la primera vez que estuvo presente en un partido de la Liga Profesional, fue entre Once Caldas de Manizales (hoy Sabios) y Cóndores de Cundinamarca en una instancia definitiva. Se le presentó la oportunidad porque un colegiado no pudo llegar, entonces porque Pereira tiene cercanía con la ciudad en la que se jugó, lo llamaron. 

En 2017 también arbitró dos partidos en la capital de Caldas por reemplazo. Ya en 2018 los encuentros se incrementaron, tanto así que dirigió seis encuentros y uno de ellos fue una semifinal en Cali y en 2019 le tocó estar presente tres veces en Buenaventura, además con uno de los juegos de la final entre Fastbreak y Titanes.

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Para el 2020 estará presente en la burbuja de Cali como uno de los 24 árbitros seleccionados por la Federación Colombiana de Baloncesto y la División Profesional de Basquetbol. Se ganó el derecho a ser parte del campeonato tras obtener buenos resultados en las pruebas físicas, técnicas y su recorrido en el ámbito nacional. Fueron 40 preseleccionados, cuatro del Eje Cafetero y solo Manuel Antonio, junto a Diana María Holguín, del Quindío, consiguieron el cupo. 

“Espero hacer un buen torneo, era algo que estaba esperando y quiero estar a la altura, por eso me estoy preparando de la mejor forma. Nos van a dividir en grupos de ocho, yo llegaré la segunda semana del campeonato y espero ganarme un puesto para estar en las finales”, manifestó. 

Este contador público de profesión contará con la ventaja de que no puede ir público al coliseo, porque a pesar que no le afectan los insultos o malos tratos que recibe por su profesión en los partidos, no le gusta que su familia vaya a verlo, ya que eso le genera una especie de bloqueo. 

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