Memorias del Fútbol: Saúl Matiz, entre balones y vehículos

Memorias del Fútbol: Saúl Matiz, entre balones y vehículos

Foto / Andrea Mesa

Dicen que colombianos hay por todos lados y que grato es saber que dejan en alto el nombre del país, con su trabajado intachable y que buena experiencia es encontrar ese paisano en tierras foráneas, más cuando menciona que ama el fútbol y que vistió las camisetas de varios equipos en Colombia… entre esos al grande Matecaña, el Blanco, Blanco y el equipo Cuyabro.

Es así como Saúl Matiz se encuentra en Estados Unidos, en Fort Lauderdale, Florida. Allí un cálido hombre se encarga de muchas labores en el Museo de Carros Antiguos de este lugar Fort Lauderdale Antique Car Museum, entre ellas está el guiar a los visitantes por el Museo, a quienes con ímpetu atiende y denotando gran conocimiento habla de cada uno de los carros antiguos Packard.  Su amabilidad es sin distingo de nacionalidad, pero especialmente para  sus coterráneos, Saúl da algo más. Cuando se entera que un colombiano lo visita, con una mirada al pasado llena de satisfacción le cuenta la gran historia de su vida, “estuve en la apertura de la Villa Olímpica, vestí las camisetas del Pereira, Once Caldas, Quindío, Santa Fe y Tolima, jugué con los grandes.” Tal vez no serán todos los colombianos, pero que fortuna haber escuchado esta historia.

Y entre carros y antigüedades, este mediocampista habla evocando aquellas épocas que como él dice, no volverán. Y aunque no está en el recuerdo de muchos, este jugador de fútbol si tiene muchos recuerdos y aunque no es un personaje “googleable”, es una cajita de sorpresas llenas de historias y memorias, que se disfrutan y se imaginan en momento contado.

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En sus primeros años “un muchachito lleno de ilusiones” tuvo la oportunidad de ir a jugar al Once Caldas, su gran anhelo y pasión siempre fue el fútbol y por cosas que Saúl llama destino, llegó al equipo de Caldas para el año 1968, con tan solo 18 años de edad, Matiz logró su debut profesional, ya no solo soñaba con los grandes, ahora los enfrentaba. Su debut solo tardó 15 días, piensa él que llegó muy “bichecito” que tal vez faltó madurez para encarar la vida futbolística.

Vistió varias camisetas, Caldas, Pereira, Quindío, Santa Fe y Tolima. En el Caldas fue dirigido por Oscar “Severiano” Ramos y en Santa Fe, por Alfonso Sepúlveda, a quien atribuye inmensa gratitud por las oportunidades brindadas durante tantos años de su vida.

Foto / Andrea Mesa. Recuerdos de Saúl que guarda en su celular.

Saúl cuenta que vivió muchas lesiones, razones por las cuales tal vez su carrera no gozó de continuidad, precisamente en el año 70 a causa de una lesión, obtuvo libertad en su pase por un año, en su año libre con Cristal Caldas, llega a Pereira dirigido por el técnico Ramón “Moncho” Rodríguez, quien después se iría a dirigir las toldas de la selección paraguaya. En esta época Matecaña recuerda a Oswaldo “Pescadito” Calero, Alonso “el Cachaco” Rodríguez y muchos más, aquí, Saúl se detiene para reflexionar acerca de la vida. Asegura con ahínco que ha sido un privilegiado, que Dios ha sido muy generoso porque la lista de los ausentes es larga, pero él sigue con vida y mucha salud, vigor extraído del campo para ahora relucir entre las antigüedades y los motores. Le da nostalgia cuando observa las fotografías de sus equipos y observa a los que faltan, pero también lo motiva a disfrutar más el día a día.

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Y hablando de la Querendona, Transnochadora y Morena y su paso por esta ciudad, dice que a Pereira la hace encantadora el calor de su gente, esa hinchada apasionada que aún en medio de todo se conserva, porque a la distancia sigue el fútbol colombiano, principalmente el del Eje Cafetero. También en sus recuerdos y entre risas está que el Pereira le quedó debiendo unos “centavitos”, pero que esos pertenecen a un pasado de hace muchos años. Matiz espera que Pereira y Quindío vuelvan a la A, que consigan buenas administraciones y que el Once se mantenga, que los tres le den las alegrías del Fútbol a esas hinchadas que tanto lo merecen.

Saúl no fue campeón en el Fútbol Colombiano, con el Tolima que siempre era el colero, logó llegar a tercer lugar, allí su técnico fue Delio Gamboa, cuenta Saúl que este fue el equipo conocido como “el de la salsa”, compartió campo con los hermanos Campáz, Jaime Morón, entre otros. Hablamos del año 76 y allí aprendió una de sus mejores lecciones de vida, que donde quiera que se esté, debe haber armonía, para él, Delio Gamboa fue todo un relacionista que les enseñó de convivencia y fraternidad.

También tuvo la oportunidad de entrenar con Willington Ortiz en Pereira, y con sorpresa recuerda que Ortiz no quedó en el equipo porque no era buen jugador, quien después destacaría y sería Selección Colombia. Con el “viejo Cuezo” en el Caldas, como Saúl le llama,  aprendió que para ser buen entrenador hay que ser buen cocinero, les decía que “nos ganen por todo menos por hambre”, aquí luce en su rostro otra gran sonrisa producto de los recuerdos de este deporte que a tantos enamora.

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El fútbol le dejó amigos y oportunidades, pero también enseñanzas de vida. Siempre ha visto como en todo sitió sale el sol, y que nunca se debe creer demasiado por lo que se tiene, dice que vio caer estrellas desde muy arriba, por eso una de sus cualidades más característica es la sencillez y la nobleza.

Foto / Andrea Mesa

Saúl se despidió del Fútbol en el tiempo correcto, a los 32 años terminó jugando en el Salvador, y pasó por Estados Unidos a saludar a su madre, allí la vida le permitió ser campeón en la Liga Panamericana, que se disputa con equipos que contaban con jugadores exprofesionales. Además de coronarse campeón, conoció el país, le cogió gusto, se fue quedando y ya lleva 37 años.

Hoy este padre de tres hijas y un hijo, disfruta su vida trabajando con una de las más prominentes marcas en los años 20 y 30. Por pura casualidad se enteró de la vacante en el Museo, buscando también la tranquilidad de cambiar de ciudad, del ritmo acelerado de Nueva York, tomó la opción y desde aquel día han pasado 12 años. Vive feliz, tranquilo, agradecido y aprendiendo cada día mucho más de carros y de culturas, porque en sus días se encarga de guiar visitantes de todo el mundo. Trabaja hasta las 4 de la tarde y se va a contemplar el caer del sol en las bellas playas de Fort Lauderdale. Saúl Matiz, algún día vivió del Fútbol, hoy sus recuerdos le motivan y sus memorias permanecen en las narraciones de sus hechos, tal vez pocas, pero viven en su corazón para siempre.

Foto / Andrea Mesa

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1 respuesta

  1. jorge palacios dice:

    maravillosas historias, grandes personajes.. la vida te da sorpresas.

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