Del brillo olímpico a la cruda realidad

Foto/ Olympic Games

Terminaron los Juegos Olímpicos y más allá del balance deportivo, cuantificado en medallas y diplomas, las justas de Tokio nos dejaron historias inspiradoras y dramáticas. Fueron muchas las jornadas en las que trasnochamos y madrugamos para ver en acción a nuestros deportistas, quienes dejaron el alma y la piel en cada una de sus competencias sin importar cuánto les costó estar allí.

Foto / Suministrada / Mauricio en Radio Zónica en Buenos Aires.

Más allá de las cuatro medallas de plata, la presea de bronce y los doce diplomas olímpicos, Tokio 2020 nos deja como legado una profunda reflexión sobre la forma en como estamos acompañando a nuestros deportistas en todo el proceso olímpico. Si algo me quedó claro, es que nuestros atletas no son máquinas para fabricar medallas, sino seres humanos que en su mayoría están acompañados por una historia llena de sacrificio y sufrimiento.

Ejemplos hay muchos. Para no ir muy lejos está el caso de la boxeadora risaraldense Jenny Marcela Arias, quien, sin proponérselo, se convirtió en un símbolo de esas historias detrás de los deportistas, cuando con lágrimas en los ojos le contó al país la frustración de no ganar medalla y no poder costearle a su papá un tratamiento médico.

El también boxeador Yuberjén Martínez se desahogó no sólo por la bronca que le representó el fallo polémico de los jueces en el combate por los cuartos de final, sino porque su sueño era regalarle a su mamá una casa que pensaba comprar con la medalla que ganaría en Tokio.

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En el caso de Arias, muchos sectores del país se conmovieron con su historia y se manifestaron rápidamente para ayudarla en la tarea de pagarle a su papá el tratamiento médico. De hecho, el Gobernador de Risaralda anunció que le regalará una casa a la deportista, la cual será entregada en los próximos días.

Foto/ COC

A Yuberjén, la Fundación de Mariana Pajón le entregará una millonaria suma como resultado de una ‘vaca’ que fue liderada por la triple medallista olímpica.

Estos gestos de solidaridad son la demostración del gran corazón de los colombianos, pero ¿Por qué esperar a que sucedan cosas como las de Jenny y Yuberjén para garantizarles a nuestros deportistas las mínimas condiciones?

Estoy seguro que si ambos no hubiesen contado su historia, hoy sería poco probable que recibieran lo que están recibiendo. ¿Cuántos deportistas como Jenny y Yuberjén, que están inmersos en el sistema nacional del deporte con altos logros deportivos, no están en la misma situación? ¡Muchos!

Pongo un ejemplo más, el del también risaraldense Jhon Alexánder Solís, quien compitió en la prueba de los 4 x 400 metros del atletismo de carreras. Antes de la competencia publicó un video en las redes sociales donde le pedía a los colombianos la mejor energía porque del resultado olímpico también dependía que él pudiera comprar su casa propia.

Foto/ COC

Solís, así como Arias y Martínez, proviene de una familia de bajos recursos que vio en el deporte el escape perfecto de las tantas amenazas reinantes en una sociedad sin oportunidades. En consecuencia, llegar a unos Olímpicos puede tranquilamente representarle a ellos una salvación económica.

No sé si Solís vaya a correr la misma suerte de Yuberjén Martínez o de Jenny Arias ya que hasta el momento nadie se ha pronunciado sobre su sueño no cumplido en Tokio. A lo mejor debe ser porque el atleta nacido en La Virginia, Risaralda, no fue tan mediático en su petición. ¡Qué pena!

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Así las cosas, no es descabellado pensar que mientras millones de colombianos gritábamos frente al televisor “¡Vamos Colombiano verraco!”, probablemente ese deportista no estaba pensando ni en darle lustre al país, ni en la gloria olímpica, sino en las deudas que pagar, la casa para comprar o la cirugía que costear.

El día que esto cambie y el talento deportivo de nuestro país se enfoque única y exclusivamente en la preparación y competencia deportiva, sin preocuparse porque en su casa no hay que comer, mientras posa para una foto al lado de un político oportunista, las cosas serán muy diferentes.

“Unidos somos más. Más deportes más región”

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