Una Primera C, pero de calidad

Foto / Suministrada / Equipo Acción Cívica Dosquebradas que participó también en Copa Ciudad Pereira.

Semanas atrás el país futbolero conoció del regreso de la División Primera C al fútbol colombiano, noticia que generó gran aceptación por lo que ello significa: revivir un certamen que por muchos años fue la verdadera cantera del fútbol colombiano.

La decisión de revivirla es plausible porque históricamente fue sinónimo de promoción de jugadores, técnicos, árbitros, si se quiere de dirigentes y fue también la única alternativa que muchas poblaciones tuvieron para recibir un espectáculo deportivo de calidad.

Foto / Suministrada / Mauricio en Radio Zónica en Buenos Aires.

En nuestra región, por ejemplo, fueron muchos los municipios anfitriones de la Primera C, entre ellos La Tebaida, Montenegro, Riosucio, Chinchiná, Supía, Dosquebradas, Santa Rosa, La Virginia y hasta Cartago. Cómo no recordar con nostalgia las brillantes campañas de Dinastía de Riosucio y los éxitos deportivos de Ferroclub y Corpereira en la década de los 90 y los triunfos del Once Caldas en la última parte de la C antes de su desaparición en 2010.

Con tantas bondades parece un sinsentido que se hubiera dejado de realizar este campeonato. Aunque hay una razón de ser: la falta de criterio y gestión que ha imperado por años por parte de nuestra dirigencia, comenzando por Álvaro González Alzate que, para quien escribe estas líneas, cumplió hace mucho rato su ciclo en la Difútbol y se convirtió en uno de los grandes males del balompié aficionado de nuestro país, aunque este será tema de otra columna.

En ese sentido hay que ser claros, el regreso de la Primera C no es precisamente gracias a Alzate o la entidad que preside, se debe al trabajo de la naciente Asociación Colombiana de Clubes de Fútbol Aficionado -ACCFA- que, liderada por el exfutbolista y abogado Andrés Felipe Guapacha, presentó el proyecto que hoy cuenta con el visto bueno del Ministerio del Deporte y la Federación Colombiana de Fútbol.

Sin embargo, lo que se ve en comienzo como el mejor proyecto en el presente del fútbol colombiano, podría convertirse en un campeonato más al servicio de los mercaderes de siempre si no se establecen desde el principio las reglas de juego. ¿Cuál es el verdadero propósito: fomentar el fútbol juvenil y proyectar jugadores o tener un espacio de recreo para exfutbolistas?

Foto / Suministrada / Elenco de La Tebaida FC

La Primera C no puede ser un cementerio de elefantes, ni caldo de cultivo para los empresarios -sin desconocer que hoy hacen parte del ecosistema del fútbol-, ni debe ser el negocio particular de quienes posan de dirigentes deportivos y solo buscan sacar provecho personal del negocio. La Primera C, por el contrario, tiene que ser el escenario para que los nuevos talentos tengan la competencia suficiente para adquirir el nivel que los lleve en un futuro cercano a nutrir la segunda y primera categoría del fútbol colombiano.

Estamos ante una oportunidad maravillosa de parar con la pérdida súbita de futbolistas que por años se han quedado en el camino, ya que caen en el vacío existente entre las categorías juveniles y el profesionalismo.

Un jugador que haya hecho todo el proceso desde infantil hasta juvenil, que no encuentre acomodo en Once Caldas, Deportes Quindío o Deportivo Pereira y que no tenga oportunidad en otra región, está condenado a perderse en su carrera hacia el profesionalismo porque hoy no existe en Colombia una categoría en la que pueda competir. Ese es el foco principal de la Primera C.

De igual manera, el hecho de promover el sistema de ascenso y descenso desde el fútbol aficionado hace que los equipos de la Primera B tengan la necesidad de conformar nóminas dignas con las que busquen pelear en la parte alta de la tabla y así evitar el descenso de su categoría. Sólo así se le acabará el mediocre negocio a muchos equipos de participar sin importar si son últimos o no.

Las reglas, entonces, deben ser claras y respetadas por todos para evitar lo que sucedió en 1999 cuando el Cúcuta Deportivo fue último en la B y debía descender a la C. No obstante, por ser un equipo socio de la Dimayor, la entidad lo blindó y lo mantuvo en la categoría.

Foto/ Angie Daniela Valencia – La Cantera – Copa Ciudad Pereira Liga Sub 20 – 2021

El fútbol colombiano necesita una Primera C que esté a la altura del talento de nuestros futbolistas, que sea una carpa que arrope a jugadores, técnicos, árbitros y dirigentes que no tengan que sacar la ponchera para consolidar sus proyectos y que sean vistos como lo que verdaderamente deben ser, una tercera categoría dentro de la estructura del fútbol profesional colombiano.

Si es así, bienvenida la Primera C, una primera C, pero de calidad.

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