La búsqueda de un sueño en el “fútbol profesional”

Foto/Valentina Jiménez. Copa La Patria de Manizales

 

Foto/Fausto Castañeda

Cuando se inicia el sueño de jugar en el fútbol profesional, existen varias motivaciones para luchar por ese sueño. Entre ellas, seguramente aparecen los micrófonos y las cámaras que te harán famoso, por supuesto el dinero que puedes recibir por ejercer un deporte que te llena de pasión, diversión y reconocimiento público, obviamente cuando el desempeño es destacable; y conexo a ellas, vienen otras posibilidades, hacer parte de la Selección Nacional, jugar con equipos internacionales y ¿por qué no?, llegar a una Copa Mundo.

Por. Jhon Hadison Aguirre Escobar

Pero en el camino la cosas no son tan fáciles. No todo es talento y entrenamiento, también se necesita algo de suerte, mucho de preparación, pero eso sí… bastantes respaldos, tal vez económicos, pero sobre todo de poder;  se requieren gestiones, empresarios, representantes y casi de manera obligada, ser parte de los intereses particulares de algún mercader que puede hacer un gran negocio contigo. Y esto, solo para hablar de aquellos aspectos externos, porque al interior de cualquier equipo de fútbol aparecen otras situaciones complejas marcadas por las jerarquías, las envidias y hasta lo que en el colegio llaman, matoneo.

Es difícil realmente llegar al fútbol profesional, y son más los jugadores que perecen en el intento pese a que cuentan con mayor talento deportivo que otros, que sí son parte de los intereses particulares de algún mercader;  sin embargo, comparando esta época con la generación anterior, creo que existen muchas más alternativas para esa primera gran conquista del “fútbol profesional”. Y digo alternativas, porque la variedad de torneos que se calificaron con ese cliché del “fútbol profesional” hicieron que el mismo quizá perdiera su privilegio, aunque “aumentara” la posibilidades de llegar a esa meta. Claro, en la actualidad se intenta conservar la maltrecha figura de las categorías A y B.

Foto / Carlos Marín

A, para la élite y B, para quienes siendo “profesionales” por alguna razón no están en la élite; razones casi siempre enmarcadas por intereses personales, de poder y de negocio. Si no eres parte de un buen negocio, con seguridad estarás en la B, soñando algún día ser parte del gran negocio. Pero, lo que te mantiene vivo en el torneo de la B, es lo mismo que te mantendrá vivo en el torneo de la A, o en esa repentina decisión de irte en la aventura de un equipo internacional, sin importar que la escuadra de acogida esté o no en la cúspide del éxito; lo que empieza a primar ahora en el sueño, es la retribución económica y la posibilidad de proyectarte en otro entorno futbolístico para regresar a casa glorioso. Lo que viene entonces, es esa idea de ir siempre más allá, como en búsqueda de ese algo que llaman utopía.

Como lo parafraseara Eduardo Galeano, el reconocido escritor y periodista uruguayo, ya fallecido, “… la utopía está en el horizonte, y si está en el horizonte yo nunca la voy a alcanzar, porque si camino diez pasos, la utopía se va a alejar diez pasos; si camino veinte pasos, la utopía se colocará veinte pasos más allá, o sea que yo sé que jamás nunca la alcanzaré… ¿para qué sirve?, para eso, para caminar”, así lo comentó Galeano.

La utopía es esa posibilidad de soñar con que siempre hay algo más. Nos aleja del conformismo, nos invita a superar los tramos y obstáculos del camino, la utopía es el mismo sueño, que me desacomoda siempre para obligarme a superar.

En lo personal mis sueños son otros, están lejos del fútbol. Pero estoy más que seguro, que están los sueños de miles de jóvenes y la utopía de toda una región cafetera, jóvenes que sueñan con esa posibilidad de llegar al fútbol profesional, utopía  que invita siempre a intentarlo.

El mensaje que quisiera compartirles, es que es posible que el horizonte del fútbol profesional se aleje cada vez, por lo cual es necesario que en ese camino se apropien otros aprendizajes, otras experiencias y que el trayecto deje algo más que un sueño no cumplido; más bien que cada intento deje una experiencia ganada.

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