La corrupción, un dolor de cabeza para los procesos deportivos

Foto / Suministrada

Este mal del que se habla con propiedad hace por lo menos una década en Colombia, ha empezado a tallar con fuerza en la estructura del deporte. 

El escándalo por supuesta malversación de recursos en Indeportes Antioquia, es apenas la punta del iceberg en un gremio donde los recursos se manejan con la mayor cantidad de subjetividad posible, donde los contratos se entregan a dedo y las estructuras de contratación son tal delgadas como el presupuesto que el Gobierno Nacional destina a tal rubro.

Cada año se conocen sucesos, algunos de índole nacional, otros de carácter regional; pero que siguen evidenciando que la corrupción ha calado en todas esferas de la sociedad colombiana, con un agravante. Que el gremio del deporte, al que le falta organización para ser sector, es más vulnerable aun.

En el Eje Cafetero, Semilleros Deportivos conoció por parte de algunos entrenadores deportivos, versiones sobre supuestas presiones para entregar a terceros, un porcentaje del salario en contratos con entes territoriales, sucesos que los mismos no se atreven a denunciar de manera formal, por temor a las represalias.

Comentarios que se quedan como «chisme» de pasillo; sin rostro ni nombre, lo que imposibilita cualquier investigación periodística, o acciones legales para emprender de una vez por todas la búsqueda de la solución.

Algunos entrenadores comentan, ni siquiera a modo de denuncia, que deben entregar entre un 30 y 40 por ciento de su sueldo para obtener un contrato, pero que evitan generar escándalos porque en el gremio se sabe cómo se maneja el asunto. Una vez se oponen, después no ingresan al ramillete de aspirantes a celebrar convenios, porque son aislados, así sus proyectos gocen de toda credibilidad.

Lo anterior refleja el cómo los ciudadanos colombianos han tenido que lidiar con la corrupción, hasta naturalizar comportamientos que rayan en la ausencia de toda ética en la función pública. Pues administrar recursos no otorga licencias para distribuirlo de manera inequitativa, menos a conveniencia ni de los partidos políticos, ni de los mismos funcionarios.

Cuotas burocráticas

La estructura de los partidos casi que le hace daño a la función pública, porque los aspirantes a cargos de elección popular deben hacer uso de esas maquinarias, a las cuales deben pagar con favores el respaldo. Si X candidato fue electo y en su camada de concejales, obtuvo una mayoría, a estos les corresponde avales para ubicar perfiles en cargos públicos.

Si este entrenador está con el Diputado y el Diputado está con el Gobernador, entonces puede acceder al cargo; o si este dirigente está con tal Concejal y el Concejal está con el Alcalde, entonces hay vía libre para contratarlo. ¡Un modus operandi descarado! que no es más que la corrupción misma disfrazada de procedimientos burocráticos.

Un sistema que al igual que la corrupción se ha banalizado hasta el punto de la aceptación social. Porque un entrenador que se somete a ese procedimiento, está desconociendo los derechos que reposan sobre sus conocimientos, su experiencia y su importancia como servidor público.

Lo de Antioquia, las investigaciones que todavía se adelantan a ex funcionarios de Coldeportes (2018), son solo sobras que han quedado a la luz, de esos tentáculos de la corrupción que durante décadas ha navegado en el deporte.

Esto sin hablar de la complicidad de algunos organismos del deporte asociado; cuya responsabilidad no puede quedar por fuera de esta discusión en un sistema donde el silencio deja de ser silencio y pasa a ser complicidad.

«Unidos somos más. Más deporte, más región»

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