En los niños, el deporte debe ser fuente de inspiración, no de agresión

Valentina Jiménez / Periodista Regional

En los niños, el deporte debe ser fuente de inspiración, no de agresión

Semilleros Deportivos en su ejercicio de acompañar las hazañas deportivas no solo de deportistas élite, sino también de las bases y semilleros como el mismo nombre del medio lo indica, ha sido testigo de un sin fin de eventos deportivos. Donde la mayoría han dejado grandes alegrías y enseñanzas a los participantes. Sin embargo, algunos se han caracterizado por el dudoso ejemplo que han recibido los pequeños deportistas.

No es un secreto que los padres de familia y entrenadores son ejemplo de vida para los niños, quienes ven en ellos su modelo a seguir y sin darse cuenta, imitan sus pasos. Es por esto que surge la preocupación de las actitudes y acciones que algunos acompañantes a eventos deportivos realizan antes, durante y después de los mismos.

En repetidas ocasiones, por la emoción del momento, a los padres de familia se les olvida que quienes compiten con sus hijos, también son niños. No es raro escuchar ofensas a los jugadores de parte de acompañantes de equipos contrarios, lo que tampoco es frenado por entrenadores, dirigentes de clubes ni árbitros.

Algunos dirán que esto es parte de la naturaleza del juego, que los jugadores se acostumbran e intentan hacer oídos sordos a insultos que provienen de las tribunas. Pero no podemos olvidar que son niños las víctimas de estos actos; que son sensibles en su proceso de crecimiento y en quienes se podría generar desamor por el deporte y su entorno.

Los niños, como seres humanos en formación, absorben todo lo que ven y escuchan; por lo que no solo son quienes reciben los descalificativos o ‘abucheos’ quienes se afectan. Los mismos niños familiares de los adultos que se atreven a hacer este tipo de actos están aprendiendo cómo, según ellos, sería la forma correcta de actuar ante diversas situaciones que se presentan.  

Hace poco, en una final de fútbol infantil, padres de familia gritaban e insultaban a un jugador del equipo contrario, además de presionar a otros. Después del entretiempo, el partido se fue poniendo agresivo y brusco y los jugadores de ambas escuadras se fueron enojando en la cancha. Al final, surgieron varios intentos de riña entre padres de familia e incluso, el juez central también se vio afectado. Algunos niños, lo imitaron.

Ejemplos como estos suelen suceder en diferentes escenarios deportivos de la región. En unos espacios más directos que otros, pero al final el resultado es el mismo.

Otro es el caso de entrenadores, quienes enseñan a sus estudiantes a ser ‘avispados’ e incurrir en aparentes “pequeñas trampas” o faltas sin ser vistos por el árbitro. Además de utilizar hacia ellos tratos y palabras diferentes a los que un niño debe y merece recibir. Acciones que dentro del contexto deportivo se normalizan y afectan de un modo u otro a la formación del deportista y la persona.

Saber perder también es parte de la vida y el deporte es un gran escenario para hacerlo. Pero esto a muchos niños y jóvenes se les niega, justificándolos o castigándolos cuando sucede.

La invitación es a prestar atención especial a los detalles y ayudar a mitigar estas prácticas en los entornos deportivos. Sobre todo, cuando hay niños involucrados. A promover los verdaderos objetivos del deporte como lo son la unión, la dedicación, la sana competencia, entre muchos otros. Además de fomentar el fortalecimiento de valores como la perseverancia, el respeto, la igualdad, el compañerismo, el esfuerzo y la superación. 

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