El Mundial de Fútbol 2026: transformará la economía de las Américas

Foto: Emilio García – Unsplash.com
Por: Santiago Rosas Castaño, Estudiante de Ingeniería Administrativa. Universidad EIA
El fútbol siempre ha sido más que un deporte; es un lenguaje universal que une culturas, despierta emociones y mueve economías.
La próxima Copa Mundial de la FIFA 2026, que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá, representa no solo una fiesta deportiva, sino también un fenómeno económico continental sin precedentes. Según Panamerican World (2024), será el torneo más grande y costoso de la historia, con 48 selecciones participantes y un impacto financiero que podría superar los 15.000 millones de dólares en las Américas.
A diferencia de ediciones anteriores, el Mundial 2026 se caracteriza por su triple sede y su enfoque de integración regional. Cada país anfitrión busca aprovechar el evento para reactivar sectores económicos clave, especialmente el turismo, la infraestructura y los servicios. Se estima que México recibirá más de cinco millones de visitantes, generando miles de empleos y posicionando nuevamente a ciudades como Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México en el mapa mundial.
Sin embargo, el artículo de Panamerican World también advierte que el beneficio económico no será igual para todos. Mientras las grandes urbes con estadios modernos absorberán la mayor parte de la inversión, las regiones con menos infraestructura podrían quedar al margen del impulso financiero. Este tipo de desigualdades pone en evidencia que los mega eventos deportivos suelen favorecer a los centros económicos más poderosos, dejando poco impacto duradero en las zonas periféricas.
El Mundial de 2026 es también una muestra de cómo el fútbol moderno se ha transformado en una industria global donde los intereses económicos pesan tanto como el deporte mismo. Las marcas patrocinadoras, los contratos televisivos y las plataformas digitales se preparan para una audiencia estimada en más de 5.000 millones de espectadores. Esta cifra refleja el alcance global del evento, pero también plantea una pregunta crítica:
¿el Mundial sigue siendo un encuentro de pueblos o se ha convertido en un espectáculo dominado por el capital?
Pese a estas tensiones, el torneo tiene el potencial de ser una herramienta de cooperación continental, una oportunidad para demostrar que América puede organizar un evento de magnitud planetaria sin perder el sentido de comunidad.
En mi opinión, el Mundial 2026 no solo marcará un antes y un después en la historia del fútbol, sino que también redefinirá la economía y la identidad de las Américas. Personalmente, considero que este evento es un reflejo del mundo contemporáneo: globalizado, competitivo y profundamente interconectado, donde el deporte se ha convertido en un instrumento de poder económico y diplomático.
Creo que, si México, Estados Unidos y Canadá logran equilibrar los intereses comerciales con una verdadera inclusión social y cultural, el torneo podría trascender lo deportivo y transformarse en un modelo de cooperación regional. Sin embargo, me preocupa que el protagonismo de las grandes marcas y la búsqueda de beneficios económicos terminen desplazando los valores humanos y comunitarios que hacen del fútbol algo único.
Para mí, el reto principal está en mantener viva la esencia del juego, aquella que une a las personas sin importar fronteras, idioma o condición social. Más allá de los millones de dólares en juego, sigo creyendo que el verdadero valor del fútbol radica en su capacidad de inspirar, conectar y emocionar a todo un continente.
«Unidos somos más. Más deporte, más región»


