Con Liga Profesional de Fútbol Femenino hay oportunidad para aclarar y reparar

...es necesario llamar la atención de nuevo sobre la comprensión que implica el fútbol, y en general el deporte desde una mirada de inclusión, equidad y reconocimiento de la mujer deportista

Foto / Pablo Bohórquez

Ayer, en Asamblea Ordinaria de la Dimayor, se confirmó la realización de la Liga Profesional de Fútbol Femenino en Colombia a partir del mes de agosto del 2019.

La noticia, que alegra a muchas jugadoras de fútbol y a sus representantes, familias y seguidores, se interpreta como una “reparación” de la Dimayor ante las negaciones previas para desarrollar el evento, alegando en un principio las inviabilidades de orden financiero, argumentos que coincidieron con un tenso panorama de denuncias sobre abusos, maltratos y otras vulneraciones de los derechos de las jugadoras en el entorno futbolístico.

Sin embargo, en el pleno de la reunión (36 clubes) y contando además con la presencia y participación del Ministerio del Trabajo, Coldeportes, Asocolfutpro y una vocera de las jugadoras de la Selección Colombia, Isabella Echeverry,  se contempló la posibilidad de que una comisión integrada por cuatro clubes además de la representación del orden institucional abran paso a lo que sería la tercera versión del fútbol femenino en Colombia.

Por ello, es necesario llamar la atención de nuevo sobre la comprensión que implica el fútbol, y en general el deporte desde una mirada de inclusión, equidad y reconocimiento de la mujer deportista. Valga la oportunidad para avanzar en alternativas que pongan a las jugadoras en igualdad de condiciones, siempre desde el respeto y admiración por su condición de mujer y en especial por su condición deportiva..

El mayor error que se puede cometer en cualquier disciplina deportiva, es comparar a las mujeres con los hombres. La razón tiene argumentos y conceptos de peso. Pero quizá, el primer aspecto que se puede plantear tiene que ver con sus capacidades humanas antes que con su condición sexual, porque nada tiene que ver el sexo en el desarrollo de las capacidades humanas y mucho menos tiene relación, si son capacidades deportivas.

En ese sentido, tanto hombres como mujeres deben ser vistos con las mismas posibilidades de desarrollar una u otra habilidad, una u otra destreza o tal vez uno u otro gusto en materia deportiva. Insistimos, el sexo, atado a la condición biológica del órgano reproductivo, tiene muy poco que ver en una práctica deportiva realizada por hombres o por mujeres.

Culturalmente, se ha apropiado que ciertas disciplinas (como es el caso del fútbol, el boxeo y hasta el automovilismo, solo por mencionar algunos ejemplos) han sido protagonizadas por lo hombres, aunque esto pueda estar lejos o cerca de su masculinidad (género) y hasta su orientación sexual (deseo). Hasta aquí, son tres conceptos claves, los que un dirigente deportivo debe tener claros a la hora de pensar, diseñar y desarrollar alguna propuesta deportiva que, como en el fútbol, involucre a hombres y mujeres; y estos de manera resumida son: el sexo, el género, y la orientación sexual.

Sin embargo, en el entorno actual de denuncias públicas, entre jugadoras de fútbol femenino y Federación Colombiana de Fútbol, se ha abierto una discusión sobre quien tiene o no la razón. Si es cierto que se presentaron abusos sexuales al interior de algunas categorías del combinado nacional femenino, o si las condiciones para el desarrollo de la práctica futbolística de las mujeres, se ha generado en el contexto ideal que las reconozca en su condición humana.

Creemos que el panorama debe analizarse más en el segundo argumento, no porque el primero no tenga relevancia, sino porque es precisamente lo primero, es el resultado de la mala comprensión de lo segundo.

Foto / Pablo Bohórquez

No puede existir un contexto ideal para la práctica del fútbol, si la mujer (vista desde su condición biológica-sexo) con su condición cultural (de género – femenino) es asumida desde la rentabilidad económica de la misma disciplina. Por ello, el argumento de que el fútbol femenino, no es rentable, se cae por su propio peso. Si así fuese, disciplinas deportivas como el Tiro con Arco en Colombia, no tendrían la magia que le imprime la mejor exponente de esta disciplina, que además la encontramos aquí mismo en nuestro país. Y ejemplos como ella son numerosos, la única medallista olímpica que ha logrado dos preseas de oro con el BMX de Colombia, es mujer, y practica una disciplina que culturalmente está más relacionada con los hombres (sexo-biológico), aunque ella misma se ha encargado de revalidar esta perspectiva cultural. Otro ejemplo, tiene relación con la primera medallista olímpica colombiana, una mujer que levantó 110 kilos en arranque y 135 kilos en envión, en la categoría de los 75 kilogramos. Y Allí, nada tuvo que ver su condición de mujer, femenina o su orientación sexual.

“El fútbol femenino, es un caldo de cultivo para el lesbianismo”, es la mirada errada que juzga la orientación sexual.

En el deporte, al igual que el sexo y el género, nada tiene que ver la orientación sexual. Que un hombre (sexo-biológico) desee a otro hombre (sexo-biológico), no lo hace mejor o peor deportista, porque esto no aumenta ni disminuye su capacidad o habilidad deportiva. Y en las mujeres, es igual. Ellas, las mujeres (sexo-biológico), tienen tantos deseos y orientaciones sexuales, como los hombres. De ahí, la sana clasificación de mujeres heterosexuales, homosexuales o bisexuales; clasificación que también aplica para los hombres. Pero insistimos, nada tiene que ver la orientación sexual, con el rendimiento deportivo, y mucho menos con la viabilidad de la rentabilidad económica de una disciplina deportiva.

Lo que sí entra con sentido y coherencia en la discusión por las condiciones del fútbol femenino colombiano, tiene que ver con las nociones de igualdad y equidad. Hacen parte de una discusión que viene hace más de 20 años, y que incluso revalida ese primer derecho humano ratificado en 1948 “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Ver a la mujer del futbol femenino en Colombia, implica verla desde la igualdad y la no discriminación, por cualquier condición, entre ellas la de su orientación sexual. En definitiva, la igualdad implica que exista un tratamiento idéntico entre hombres y mujeres. ¿Nos preguntamos, si ese tratamiento entre iguales, existe en el futbol profesional colombiano, y en especial en las selecciones Colombia de la disciplina?

Foto / Pablo Bohórquez

Y no hay condiciones de equidad, cuando entre hombres y mujeres iguales, no se reconoce la diversidad. Es decir, pese a que existe la noción de igualdad, las condiciones de género, por ejemplo, requieren respuestas para necesidades diversas. Cuando a los hombres que integran un seleccionado de fútbol nacional se les ofrecen ciertos privilegios (económicos, de exaltación, atención, logística, indumentaria…etc), mientras que a las mujeres, que también integran un seleccionado de fútbol nacional, no se les ofrecen los mismos privilegios o aquellos mínimos necesarios para garantizar las condiciones dignas de representación nacional,  no existen condiciones de equidad.

La discusión es tan profunda, que lo primero que debe hacer esta sociedad, y en especial los directivos del fútbol colombiano, es comprender la noción desde la cual están asumiendo el fútbol femenino en nuestro país. Ellas, las mueres de la Selección Colombia de Fútbol Femenino y del Fútbol Profesional Colombiano, no pueden ser vistas como una amenaza que hay que erradicar, para evitar tropiezos que pongan en riesgo el buen nombre de la institucionalidad o los directivos que se encuentran a cargo de la Federación, o los combinados nacionales. Por ello, nuestra invitación a los mismos lectores de este espacio periodístico, en comprender de igual manera, que un primer paso para fortalecer los procesos de base, es cualificar al capital social, al capital humano, que está al frente de los procesos de formación y competencia deportiva, no solo con niñas, adolescentes, jóvenes y adultas que juegan al fútbol. Porque, muy a pesar de todo, las iniquidades, los abusos sexuales, el maltrato y hasta la desigualdad, también existe en los procesos de base con los hombres.

No es una realidad que debamos aceptar, pero si es una realidad que debemos comprender, para entender que con el fútbol femenino hay que tener más claridad y cuidado, antes de convertirlo en una amenaza.

“Unidos somos más. Más deporte, más región”

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