En medio de la guerra, mi diálogo es el deporte

Foto/Fausto Castañeda

Reflexiono constantemente el país que como generaciones hemos tenido que vivir. Y digo «tenido» porque no tuvimos la oportunidad de escoger dónde nacer.

Por. Jhon Hadison Aguirre Escobar

Quizá por ello decidí convencerme que nací en el mejor país del mundo, no queriendo decir con ello que otros países sean peores. Simplemente es una convicción que busca animarme siempre a creer que es posible cambiar toda realidad, por una mejor.

Sin embargo, pareciera ser que somos una generación que no conoce la paz, lo digo porque he vivido la guerra de lejos y también de cerca, y me atrevo a afirmar que somos generaciones que nacimos, vivimos y posiblemente moriremos en medio del ruido de la guerra.

La firma del acuerdo de paz se conoce en teoría como la paz negativa;  y es así que se denomina, por la necesidad de silenciar el ruido de las armas, el sonar del combate y hasta parar las muertes… todo, para poder cumplir un hecho básico de humanidad, conversar. Pero, cómo conversar y negociar, si en nuestra historia ni siquiera hemos tenido una década de silencio y reflexión; y para llegar a una paz positiva se necesitan generaciones de cambio cultural. Pero ahora el grito de guerra, el alala de los griegos, vuelve y retumba… quizá para distraer, quizá para seguir atemorizando, quizá para decirnos, no todo está acordado porque en medio del ruido de la guerra… nadie puede conversar.

Por ello mi diálogo cotidiano es el deporte, la educación de los niños y niñas más pequeños, del respeto por la mujer, la inclusión social, los Derechos Humanos, la libertad, las oportunidades y en sentido positivo todo aquello que nos ayude a vivir en paz, en una verdadera paz positiva. Lo digo como profesional, como periodista deportivo, lo digo como hijo, como hermano, como amigo de quienes a diario viven y disfrutan el mundo deportivo, y pese a que jugué fútbol, realmente aprecio todas las disciplinas que demuestran la infinita capacidad humana para desarrollar destrezas de perfección.

Foto/Carlos Marín

Dominar la propia condición humana no es fácil, realmente es una virtud que logran desarrollar los grandes deportistas, los grandes intelectuales, los buenos políticos, las buenas personas;  por ello mi admiración total para quienes vencen el sueño de la madrugada y salen a trotar o a dar unos buenos pedalasos en sus bicicletas, para quienes superan en cada entrenamiento una rutina, y para quienes se exigen por llegar al podio buscando superarse a sí mismos, reconociendo a su vez las capacidades de las demás competidores. Mi admiración total para quienes humanamente logran romper un récord deportivo…

Por eso, y por todo lo que implica el hecho terrorista, lamento la pérdida de nuestros talentosos deportistas, de quienes inspirados en lema de la seguridad y la justicia, emprendieron su formación para ofrecerle a la patria toda su condición humana. A ellos les tendremos que apreciar por siempre, especialmente por sus virtudes y ojalá no, por el hecho de la guerra.

Mientras tanta barbarie, mi diálogo cotidiano seguirá siendo entorno a los deportistas…

«Unidos somos más. Más deporte, más región»

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