Argentina clasificó a octavos sin convencer al mundo del fútbol

Foto / FIFA.com

Un deslucido equipo logró imponerse  2-1 ante Nigeria, donde a fuerza de corazón los once del técnico Jorge Sampaoli llegaron al gol de la clasificación, sin merecerlo. 

Lo primero que hay que decir del partido entre suramericanos y africanos, es que la redonda fue la más perjudicada, ningún poema que intente explicar el fútbol cabe en lo que expuso Argentina hoy, justo cuando más necesitaba de alardear de su historia, sus mejores hombres a excepción de Messi y Rojo, fallaron.

Esta era una oportunidad que no se podía despreciar, era el levantarse después de caer. Ni a eso llegaron los gauchos. Messi jugó su mejor partido desde que está en Rusia, tres de tres, y este fue el más honroso de su camiseta, el resto, ese junte de convidados que no dejaron más que lamentos entre los hinchas en las primeras jornadas.

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A los 14 minutos un destello del cielo para que Messi la durmiera en su cuádriceps izquierdo, la ubicara centímetros adelante de su pierna hábil y la lanzara a la red para desprender la euforia, sabrá Dios en cuantos países. No fue gol de Argentina, fue de Lionel Messi, el hombre del que tanto esperaban en esta cita mundial.

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La experiencia del gran Javier Mascherano se opacó con erráticos pases que empobrecieron la presentación de Sampaoli, ¿qué pasa que no se va?. Fueron 94 minutos que se hicieron eternos en el estadio de San Petesburgo, para los 22 en el campo, para la fanaticada en el escenario deportivo, y para los millones de espectadores en el cono sur de América, y otros tantos lugares donde la bandera albiceleste se mostró.

En el segundo tiempo, el batacazo que no aguantó, 51 minutos de disputa y ‘Masche’, al mejor estilo del Barcelona, alineó el mal momento sujetando a un rival en el área. Las cámaras de la FIFA no se liaron con nadie, menos el central. ¡Penal! Víctor Moses, africano él, cobró como brasileño, sin respeto por el rival, con picardía y algo de sobrades en el zapatazo. 1-1 no para la Argentina, para Franco Armani que la vio pasar por su costado izquierdo.

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Nigeria, la ‘negramenta’ del occidente africano, cómo no enaltecerlos, jugando contra una grande, uno que todavía genera respeto por estos tiempos. A ellos, no les importó, de igual a igual, pasando, robando pelotas y dejando atrás en la carrera, se salieron con la suya cuando decidieron.

Susto para Sampaoli otra vez, 1-1, Argentina afuera en primera ronda, chileno, que te largas, gritaron, gritaban. Mascherano con su rostro en sangre, nadie dijo nada, siguió jugando, porque el duelo fue a muerte. No la muerte de asesinar, sino la muerte de desprestigiar en el fútbol.

Nervios, ansiedad, alucinaciones, historias detrás de las televisoras, todo envuelto en el momento imperfecto del partido. Se queda por fuera otro suramericano. Nigeria siguió a lo suyo, a jugar sin pensar en Messi, o pensando tanto en él, que lo quisieron por fuera.

85 minutos, lamentos, lágrimas en San Petesburgo. Pero no se ha acabado, se termina cuando el juez pite, es la frase de cajón, la de bolsillo que todo aficionado lleva.

A los 86, Marcos Rojo, sí el de la camiseta roja en la Liga Premier, el mismo de los tatuajes, ese. La metió, la adentró en su corazón y el de millones más para propiciar el mejor momento de su selección en Rusia 2018. ¡Golazo!, hasta ahora.

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Clasificación, sin merecimiento, pero en últimas clasificación. ¡Ganar como sea, es ganar! ¿Qué vendrá con Les Bleus?, otra reivindicación que no fue.

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