75 años, pero dañaron la fiesta

Foto/Álvaro Camacho. Fotos Antiguas de Pereira

Foto/Fausto Castañeda

A estas alturas del partido me cuestiono el hecho de no ver una verdadera fiesta en el Estadio Hernán Ramírez Villegas. ¿A qué hora se acabó la fiesta?

Por. Jhon Hadison Aguirre Escobar

El “trancón” de vehículos para llegar a la Villa Olímpica en Pereira iniciaba desde el Batallón San Mateo y se agudizaba hacia el Aeropuerto Matecaña. Tomar vías alternas era casi imposible, y aventurarse por la vía de San Fernando Cuba, era meterse en otro lío. Total, ir al estadio tomaba hasta dos horas para ingresar… esto sin contar las condiciones del bus urbano, lleno de pasajeros y muchos de ellos moviendo las banderas matecañas por las ventanas, mientras los conductores del bus subían un poco el volumen para sintonizar las tradicionales emisoras radiales que detallaban los asuntos propios de cada encuentro.

Recuerdo que de niño, mi padre me llevó por primer vez al estadio a ver el partido del Pereira contra el Deportivo Independiente Medellín. Primero un chuzo o “pincho” a la entrada, un par de chitos y algo de gaseosa para subir las inclinadas escalas de la tribuna occidental, o sombra como se vendía en la época de los 80´s y 90´s. El estadio a reventar, Deportivo Pereira a lo sumo ocupaba la sexta casilla en la general, porque de ahí casi no pasaba, pero igual había fiesta en el Hernán.

La gente estaba alegre, entre los asistentes se paseaban los vendedores ambulantes, el humo, el olor a chuzo y arepa asada se sentía, era inevitable dejarse contagiar; y cuando el equipo saltaba a la cancha, de verdad parecía que hubiera una fiesta… hasta el piso de la tribuna cimbraba, mientras volaban papelillos, sonaban tambores y se veía bajar una bandera gigante entre los asistentes de oriental, o sol como se le llamaban en la época.

La pista atlética (que existía en la época) estaba llena de aficionados con alguna limitación física, especialmente de personas en silla de ruedas, hasta porristas que recibían el equipo y lo acompañaban durante el encuentro,  y  aquellos hinchas privilegiados que podían bajar y estar más cerca de los jugadores.

¿A qué hora se acabó está fiesta?, ¿quienes son los responsables?, ¿por qué hoy no se ve lo mismo?. Tribunas vacías, escasos hinchas alegres, pocas banderas, ya no hay vendedores ambulantes, el chuzo además de mala calidad es costoso, no hay porristas, ni siquiera hay pista atlética, ya ni los reconocidos políticos o actores influyentes de la vida pública van. Se acabó la fiesta. Por favor, ¿Quienes son los responsables?, acaso no vivieron lo mismo que yo.

En la época no existía el descenso o el ascenso, el fútbol era de buena calidad, ofrecía espectáculo ganando y perdiendo, ir al estadio era una verdadera aventura que tomaba toda una jornada. Comprar un pollo asado el domingo y comérselo en el Estadio, era una alternativa válida y a veces compartir o intercambiar con un vecino en la tribuna no era mal visto. Por el contrario, se valoraba el hecho de compartir. Gritar un gol, implicaba saltar y abrazar al acompañante… en fin. Era una fiesta. ¿A qué hora se acabó la fiesta?, por favor que alguien me cuente, quienes son los responsables.

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