La violencia se sigue viviendo en los estadios, ¿hasta cuándo?

Carlos Marín / Periodista Deportivo

La problemática sigue acosando a los más jóvenes, los niños, niñas y adolescentes que lamentablemente tienen que vivir estas realidades cuando asisten a los partidos del fútbol. 

Este miércoles después del amistoso de pretemporada entre Deportivo Pereira y Deportivo Cali, ocurrió un incidente más de violencia en el estadio Hernán Ramírez Villegas, integrantes de las barras populares Lobo Sur y Frente Radical se enfrentaron en la tribuna oriental, dejando varios heridos.

Foto / Pablo Bohórquez

Lo primero que hay que decir del asunto es que se falló en la planificación por parte de la empresa Scouter Soccer de Manizales, que de muy buena voluntad de dispuso a realizar el evento de pretemporada para los clubes: Deportivo Pereira, Once Caldas, Deportes Quindío y Deportivo Cali, pero dejando sin garantías a los aficionados, porque fueron en últimas los más perjudicados.

Cuando se habla de perjudicados no solamente se hace referencia a personas lesionadas, sino de quienes pagaron su boleta y terminaron viendo una gresca al final del partido. Esto sumado a los  menores que tienen que ver este tipo de sus sucesos a edades tempranas.

Lo otro que se tiene que cuestionar es la relación de las autoridades, tanto la Alcaldía Municipal, como los miembros de la Policía, que conociendo de los riesgos, dejaron un partido clase A, (de rigor) con escasa seguridad en las tribunas. Incluso dos horas antes del partido, jóvenes del Cali, estaban siendo intimidados por algunos aficionados del Deportivo Pereira quienes querían provocar riñas. Solo una patrulla rondaba por cercanías a la tribuna occidental del escenario deportivo.

¿Hasta cuándo? es la pregunta que más se repite hoy, cuando medios de comunicación, organizadores y autoridades estén hablando sobre el asunto.

Foto / Pablo Bohórquez

La respuesta es hasta que todos los actores se unan entorno a un objetivo común, eso vincula a los ciudadanos, aficionados al fútbol, barra organizadas, jugadores, clubes, municipios, empresa privada, organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación, porque al fútbol lo protagonizan ciudadanos, sin importar los colores. Desde esa base se debe partir cualquier trabajo mancomunado, cualquier esfuerzo por encontrar caminos de sana convivencia entorno al fútbol parte de allí. Los buenos ejemplos están puestos sobre las mesa desde 1990. En algunos países de Suramérica no los han querido ver y Colombia está entre ellos.

Frente Radical mostró lo que se vive en Cali, una de las ciudades que más violencia expuso en las tribunas del Pascual Guerrero, una ciudad donde la institucionalidad del Estado no aparece, ni el Alcalde Maurice Armitage, ha querido comprender la problemática. Pocos son quienes lo asesoran en el tema, porque lo más fácil para muchos es cerrar estadios.

Por su parte, Lobo Sur, condenado en sus siete años en la segunda división, nuevamente protagoniza actos de violencia. Lo único aparentemente excitante que le queda a algunos hinchas es continuar con la agresión retrograda de siempre. Queriendo imponer jerarquías donde no las hay, porque si bien es cierto que Lobo Sur es una hinchada fiel, no es la más grande, ni la más fuerte del país. Y si lo fuera, todo se tiene que mostrar en la popular, con letras y cánticos. ¡El romance del hincha con la pecosa, no está en la agresión, está en la pasión por el buen fútbol!

¿Por qué generalizar? porque como barra organizada deben pagar por las acciones deliberadas de sus miembros. Que los mismos miembros dejen al descubierto a los promotores de los actos vandálicos es un llamado sano, mientras se implementa el modelo de carnetización para la segunda división del fútbol profesional colombiano, que entre otras situaciones, llevaría al municipio a implementar la estrategia de cámaras de seguridad para individualizar a hinchas agresores para posteriormente vetarlos.

Finalmente, hacer un llamado a la transparencia, informar que no hubo lesionados previo y después del partido Deportivo Pereira vs Deportivo Cali, es un acto grosero ante la mirada de la prensa, de los mismos aficionados. ¿Qué se quiere encubrir?, la falta de planificación y seguridad, esto incluye a la administración municipal, porque quienes se pelearon fueron ciudadanos.

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