Deporte en Jaque: ingeniería para superar retos ante el salario 2026

La reciente determinación gubernamental de incrementar el salario mínimo en un 23,7% para el año 2026 sitúa a los organismos deportivos colombianos en una encrucijada sin precedentes.

No se trata simplemente de un ajuste en la planilla; es una transformación del ecosistema económico que sostiene el tejido social de nuestro deporte. Desde la dirección general de Semilleros Deportivos, y con la óptica que brinda la ingeniería administrativa y el análisis económico, este panorama obliga a leer entre líneas: estamos ante una prueba de fuego para la sostenibilidad de clubes y ligas.

La estructura de financiamiento del deporte en Colombia, opera bajo un modelo híbrido donde alrededor del 40% de los recursos provienen del apoyo estatal y el 60% de la autogestión de los mismos organismos deportivos; este modelo se enfrenta hoy a una presión inflacionaria interna.

Mientras el aporte de las secretarías de deporte suele estar atado a presupuestos públicos rígidos que difícilmente crecerán en la misma proporción, la gestión privada —alimentada por patrocinios y el esfuerzo de los padres de familia— se convierte en el único salvavidas posible, aunque cada vez más pesado.

El riesgo de desabastecimiento de talento

El corazón de este análisis no son las cifras, sino el deportista. El incremento salarial busca, en teoría, mejorar la calidad de vida de los trabajadores, incluidos entrenadores y personal administrativo. Sin embargo, en un sector de márgenes tan estrechos, el traslado de estos costos es inevitable. Si la gestión administrativa no es quirúrgica, el impacto negativo recaerá sobre las familias: mensualidades más altas podrían derivar en deserción, convirtiendo al deporte competitivo en un privilegio de élite y no en un motor de movilidad social.

Nos movemos hacia una gestión de guerra: sostenibilidad y estrategia

Para enfrentar el 2026, la dirección deportiva debe abandonar el romanticismo administrativo y abrazar la eficiencia técnica. Los retos son claros: el encarecimiento del recurso humano técnico especializado y la posible contracción de los apoyos estatales ante la presión fiscal. Ante esto, las estrategias deben ser audaces y fundamentarse en la optimización de procesos.

Es imperativo implementar una ingeniería de costos que permita rediseñar las estructuras operativas, maximizando el uso de escenarios y recursos sin sacrificar la calidad pedagógica de los directores técnicos.

Asimismo, debemos enfocarnos en la fidelización y el valor agregado; los padres de familia no solo deben pagar una cuota, sino recibir un servicio integral que incluya psicología y seguimiento de datos que justifique la inversión en un entorno económico difícil.

Finalmente, es vital presionar por modelos de Alianzas Público-Privadas donde la empresa privada reciba beneficios reales por sostener las nóminas de los formadores, aliviando la carga directa de los entes deportivos.

El 2026 no será un año para la improvisación

La subsistencia de los organismos deportivos dependerá de nuestra capacidad para profesionalizar la gestión administrativa al mismo nivel que la técnica.

El aumento del salario mínimo es un reconocimiento necesario al trabajador, pero sin una estrategia de sostenibilidad agresiva, corremos el riesgo de asfixiar las instituciones que transforman vidas a través del balón y la pista. La meta es clara: que la crisis financiera no se traduzca en una crisis de talento.

«Unidos somos más. Más deporte, más región»

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1 respuesta

  1. Darío Correa dice:

    Excelente nota, ejemplo : 11 ligas de Risaralda no tendrán contrato de apoyo ni entrenador hasta junio del 2026 , si quieres ampliamos la información con los metodologos y secretario dtal de deportes para que los padres de familia entiendan la disminución que se viene en el desarrollo deportivo de los niños y jóvenes en este caso del béisbol que es un deporte en desarrollo.

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