Ética para el fútbol, la formación de un futbolista integral

Foto / Pablo Bohórquez.

En el fútbol, como todo en la vida, por más capacidades técnicas y  condiciones especiales que se tengan, si no hay ética, el jugador no será integral y no habrán garantías en el entorno.
El fútbol, visto como un negocio para muchos, especialmente empresarios, pensarán que no se requieren jugadores íntegros; solo es suficiente el juego efectivo y la condición técnica o hasta de biotipo. Entonces se entra en una cuestión donde para el deporte, conocido como el más lindo del mundo, no son necesarias las condiciones del ser. Lo importante es ganar a como de lugar, siendo fundamental hacer dinero y negociaciones al precio que sea.
Entonces, no solo el jugador sino quienes intervienen en el juego, olvidan en ocasiones los principios éticos que podrían garantizar la transparencia en el campo, en todo sentido; un jugador de fútbol siempre será un referente, si al referente le falta ética, algo está mal.
Los códigos de este deporte a veces son incomprensibles. Surgen muchas inquietudes frente al accionar de los futbolistas cuando de manera evidente, pero sin las facultades para comprobarlo, el jugador se mueve por intereses distintos al amor por la camiseta, a su pago mensual y a sus condiciones futbolísticas. Hablamos puntualmente, cuando los jugadores deciden no marcharle a un director técnico en particular; enfocan sus acciones al bajo rendimiento injustificado y emprenden otras que terminan en despidos de un cuerpo técnico; y de pronto, como arte de magia ante el cambio que obligaron sus acciones, el jugador retorna a su esencia, al juego limpio, bonito y aceptado por la hinchada. Vuelve el amor por la camiseta y por los colores que con orgullo “siempre ha vestido”.
En este plano, los códigos del fútbol permiten determinadas acciones donde hace falta la ética. Le permiten al jugador pasar por encima de quien sea, porque finalmente seguirá recibiendo su pago y reclamará en la cancha, donde más duele, hasta que le atiendan el llamado. Y en otras ocasiones, el futbolista aceptará tratados que benefician a uno o dos en particular, pero van en detrimento de una pasión y del interés colectivo, una hinchada y la esencia de este deporte.
Falta ética en el fútbol para promover los principios que demandan la formación de un futbolista integral, que además de jugadas brillantes y dejarlo “todo” en la cancha, sea también coherente con la condición del ser. Ser referente, ser ejemplo, ser honesto en su juego y sobre todo ser profesional en su campo ante un público que no solamente paga, si no que especialmente siente la pasión por su escuadra favorita.
Jugar fútbol profesional, va más allá de hacer goles o  evitarlos, de ser famoso y lograr una buena transacción. El futbolista profesional, es entonces un actor coherente en el campo, no solo con sus propios intereses, si no también con los intereses de la hinchada.

“Unidos somos más. Más deporte, más región”

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admin

Editor General. Comunicador Social-Periodista. Candidato a Magíster en Comunicación para el Desarrollo. Cinde-U.Manizales

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